sábado, 8 de agosto de 2009

Ir por lana…

Por: Armando Garcia
Las “gloriosas” Fuerzas Armadas del condado de Corruptonia, pese a hacer gala de “inteligencia” cuartelera creían que pisotear una vez el orden constitucional iba a ser un simple paseo militar. Creyeron que en ese madrugón troglodita del quítate tú para ponerme yo, iba a correr, a tontas y a locas, la comunidad internacional a reconocerlos, como ocurría en aquel oprobioso Siglo XX de la internacionalidad de las dictaduras latinoamericanas, apuntaladas por los halcones del Pentágono, el Departamento de Estado y Cía.
Pensaron, si es que tienen aún esa facultad los humanoides neolíticos, que asaltar a bala viva en una fatídica madrugada al Presidente de la República y extrañarlo, manu militari, de su tierra en paños menores era una gracia -¡oh , ilusos!- que iba a ser aplaudida hasta gastar las palmas por los organismos multilaterales y por los países democráticos del universo.
Pero no. Así es la soberbia del poder absoluto, corrompe absolutamente, dicen los clásicos. En su ceguera: no tomaron en cuenta que para todo remesón constitucional o en cualquier otro intríngulis lesa patria -vamos a dispensarlos, al fin, discretos de talento- hay que tener y, en primer lugar, aunque chusma y descamisado, al pueblo hondureño.
De seguro se le pasó por alto este detalle a los gringos y a los criollos complotistas y no lo subrayaron en la cartilla de la Escuela de las América y otras academias de igual calaña y largura o, en el engolosine, se les durmió el pájaro a los chafarotes, es decir, no tomar en cuenta el patriotismo de este espoliado soberano al que ellos -al fin dueños de la verdad, la vida, las haciendas- siempre han depreciado motejándolo de taimado, haragán, futbolero, telenovelero, disipado, bolo y matalascallando.
Nunca se imaginaron los civilones -de la oligarquía; los prevaricadores de la Corte de la Suprema Injusticia; el derecho habiente ombudsman de los derechos humanos; los paramilitares de la guerra fría, la sucia y la de baja intensidad; los “apóstoles”, “profetas” y las celestiales figuras entorchadas de la curia (que bendijeron el atraco); los zares del espectro mediático y la cuadrada escuadra del estado mayor, en su conjunto, y su espurio jefe- que iban a salir con su sartal de mentiras, como tío Coyote, chamuscados y con los dientes quebrados.

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