sábado, 28 de noviembre de 2009

Yo no voto


¿Porque no voto?


  1. Esto no es democracia, esto en una dedocracia electorera en la que se usa a la gente del pueblo solo para que les vaya a meter el dedo un día cada cuatro años y luego se olvidan.

  2. No daré mi voto de confianza a un gobierno que se instalo mediante el uso de las armas y la violación a la constitución y que se convirtió en una dictadura institucional asesorada por asesinos de los 80’s.
  3. Ningún candidato me representa, todos fueron electos de dedo por los dirigentes de sus partidos en los cuales no milito.

  4. Sigue vigente la misma constitución y nada me garantiza que respetaran mi elección y no le darán golpe de estado al presidente que resulte electo si este no le sigue sus intereses.

  5. Mi voto y el tuyo nunca han tenido ningún valor mas que el de darles legalidad a estos procesos, tristemente en mi país los gobernantes se eligen en reuniones privadas con empresarios y en las cuales se negocia las prebendas para los ‘perdedores’.

  6. Durante mas de quince años eso es lo que yo me acuerdo, en mi departamento han salido reelectos diputados que nunca se presentaron a ninguna reunión en el congrezoo y los que van no representan a mi gente.

  7. Los militares dijeron que nunca aceptarían un gobierno de izquierda, Gorilleti aclaro que dieron golpe por el giro de Mel a la izquierda. ¿Acaso estoy obligado a seguir apoyando un sistema fracasado y que nos tiene entre los países más pobres y corruptos del mundo?

  8. La democracia no se trata de votar cada cuatro años, se trata de elegir a las personas correctas que vayan a trabajar por el desarrollo del país.

  9. Todos los gobiernos que yo recuerdo están conformados por criminales, corruptos y personajes de dudosa reputación a los cuales nunca se les ha juzgado nada.

  10. Porque así tendré el valor moral de algún día decirle a mis hijos que no vote para avalar una dictadura que cometió crímenes contra el pueblo. Es más fácil decir: Me opuse y perdí, que decir yo estuve de acuerdo con eso.


  11. Alta es la noche y Morazán vigila.

domingo, 11 de octubre de 2009

San Ernesto de la Higuera





Carlos Rodríguez Almaguer

Padre nuestro que estás en todas partes,
en el llano, en la sierra y en los montes
en el indio que llora su desgracia,
en el latino que es vilipendiado.
Santificado es ya tu Nombre.

Únenos en tu reino
para poder hacer tu voluntad
así en la tierra como en el cielo,
y más allá del cielo y de la tierra.
Para acabar de una vez con la indigencia
de aquellos a quienes pertenece más tu Reino
y se mueren en grupos
en todas las esquinas de la América
sin que nadie quiera darles
el pan suyo de cada día de hambre y de miseria.

No nos perdones nunca nuestras deudas,
ni perdones tampoco las ofensas
que te hemos proferido pasando indiferentes
ante tanta mejilla abofeteada,
apartando los ojos para no ver tu rostro
en cada humillación desamparada.
Perdónanos si quieres la nostalgia
de no haber nacido en otro tiempo
cuando andabas repartiendo panaderías
y cooperativas pesqueras,
escuelas, hospitales y reformas agrarias.
Perdónanos si quieres la tristeza
de contemplar tu imagen convertida
en estrategia de mercadotecnia,
sirviendo de incentivo a las trivialidades
que siempre despreciaste.

Nunca perdonaremos a tantos que nos deben;
a los que nos privaron de conocerte vivo,
ni a los que han malgastado
treinta años de tu ejemplo.
No nos dejes caer en la tentación
de perdonar a un solo mercader o demagogo
que utilice tu nombre o tu figura
para engordar su infamante bolsillo,
y líbranos del mal de enajenarnos
ante tanta desgracia.

Hasta la victoria siempre.

Amén.

domingo, 4 de octubre de 2009

La Negra, en sus palabras

Tomado de http://www.telam.com.ar
A lo largo de una carrera profesional de más de 40 años Mercedes Sosa ofreció infinidad de entrevistas a los medios periodísticos en las que fue desgranando parte de su pensamiento musical y de las ideas que guiaban su arte.

A tal punto "la Negra" fue requerida por la prensa que en una entrevista al diario La Nación en 1993 afirmó: "Cantar no me cansa, lo que me cansa es opinar. Siempre y en todos lados me piden declaraciones".

Más allá de esta humorada, muchas de las frases que la cantante entregó a la prensa son la mejor expresión de una decisión irrenunciable por el canto y por la cercanía con su gente. Van aquí algunas de esas declaraciones:


"Soy de la gente y seguiré siendo de la gente".

"Claro que soy folclorista, ¿qué otra cosa podría cantar yo con esta cara?"


"Mi mamá dice que mi papá se olvidó mi nombre adrede cuando me fue a inscribir al Registro Civil. Y me puso Haydeé Mercedes en vez de Marta Mercedes. Mi mamá quería que yo me llamara Marta. Así sin hache, Marta. Claro, como es lógico, en mi casa mandaba mi papá, pero claro, como es lógico, siempre se terminaba haciendo lo que quería mi mamá. Y entonces todos desde que me recuerdo me vienen llamando Marta. Soy la Marta y me gusta mucho más ser la Marta que Mercedes Sosa".


"Busco y busco en mi pasado y siempre me veo cantando, a veces me pregunto qué habré aprendido antes: ¿a cantar o a leer y escribir? ¿a cantar o a hablar? Qué pena no tener ya a mi madre para preguntarle esto."


"De mi adolescencia recuerdo el olor de los azahares, que es profundamente dulce. El otro olor que siento no es agradable y es muy penetrante, es el olor de la cachaza de los ingenios. La cachaza son los restos de la caña de azúcar".


"Hay canciones que han sellado mi vida".


"Yo no pretendo tener ni barco ni aviones como otros artistas, mi gloria es estar con amigos".


"El canto es una ceremonia de amor del artista para con el público". "Mi meta es cantar para la gente del pueblo".


"Hasta creo haber superado el momento halagador del aplauso para quedarme en la pura alegría del cantar, ahí encuentro yo toda la felicidad".


"La mayoría de los cantantes cree que el papel del intérprete es conmover al que está enfrente sin importar lo que pasa dentro suyo, entonces se colocan anillos, vestidos raros, se cambian el peinado.¿Sabe cuál es la mejor ropa de un cantante? Salir a escena con paz. Mucha e infinita paz. Sólo así se transmite algo a un semejante".


"Se podrán golpear muchas puertas, se podrá hacer mucha promoción de un artista, pero es el corazón de la gente el que tiene la última palabra".


"Creo que la ’Zamba para no morir’ cambió la construcción de la zamba en nuestro país".


"Cuando en Europa hablan de Latinoamérica creen que es algo uniforme y yo he visto indios en Ecuador, Africa misma en el mercado de Bahía, vi las distintas texturas en los tejidos de cada tribu en Machu Pichu".


"Debemos estar todos unidos y soñar con una Argentina grande que todos anhelamos".


"Ojalá tengamos alegría de vivir porque los argentinos hemos sufrido mucho, sobre todo el año 2001, y ahora nos merecemos cierta tranquilidad".


"Es porque soy tan testaruda que todavía insisto en cambiar el mundo".


"Me queda creer en la inteligencia y en la bondad de la gente, nada más".


"Lo mejor que podemos hacer los que tenemos algunos años sobre un escenario es brindarle un espacio a los jóvenes que vienen de abajo a buscar su lugar".


"Nosotros, los cantores, tenemos la obligación de mostrar las obras de los nuevos autores y compositores".


"Los premios sólo me estimulan para seguir haciendo discos, conciertos y llevando la música de nuestros compositores y autores por el mundo".


"Yo nunca más voy a tener prejuicios, es algo que aprendí después de ver la película ’Submarino amarillo’".


"Para una artista que debió irse de su patria se hace más difícil todo: el exilio es duro, tanto la vida como el trabajo."


"Los festivales que son el alma del pueblo, porque implican el encuentro anual de la gente con sus artistas".


"Cosquín me trae muchos recuerdos de gente que quiero mucho y por sobre todo está su pueblo, su gente y no tengo problemas en decir que siento miedo de subirme a ese escenario por todo lo que significa".


"Quiero invitar a todos mis coterráneos para que vengan el domingo 26 al club San Martín de Tucumán donde volveré a hacer un recital con la gente de mi pago, porque siempre dije que mientras Bussi sea gobernador no cantaba, ahora que se fue, vuelvo" (diciembre de 1999 al volver a cantar en su provincia).


"Le pido disculpas al pueblo por mi ausencia, pero ellos siempre me entendieron y comprendieron cuando en cada una de mis actuaciones, incluso en el exterior, decía ’Viva Tucumán, menos uno’".


"Toda mi energía la he volcado en el canto, aunque no me gusta mucho dejar casa y familia para ir a cantar a otro lado del mundo; es una tarea bastante pesada, exigente y se paga con la soledad de los hoteles".


"Yo sé lo que canto y para qué lo hago".

lunes, 28 de septiembre de 2009

El Enigma De Los Dos Chávez

Gabriel García Márquez
Premio Nóbel de Literatura
Tomado de: http://www.voltairenet.org

Carlos Andrés Pérez descendió al atardecer del avión que lo llevó de Davos, Suiza, y se sorprendió de ver en la plataforma al general Fernando Ochoa Antich, su ministro de Defensa. "¿Qué pasa?", le preguntó intrigado. El ministro lo tranquilizó, con razones tan confiables, que el Presidente no fue al Palacio de Miraflores sino a la residencia presidencial de La Casona. Empezaba a dormirse cuando el mismo ministro de Defensa lo despertó por teléfono para informarle de un levantamientio militar en Maracay. Había entrado apenas en Miraflores cuando estallaron las primeras cargas de artillería.



Era el 4 de febrero de 1992. El coronel Hugo Chávez Frías, con su culto sacramental de las fechas históricas, comandaba el asalto desde su puesto de mando improvisado en el Museo Histórico de La Planicie. El Presidente comprendió entonces que su único recurso estaba en el apoyo popular, y se fue a los estudios de Venevisión para hablarle al país. Doce horas después el golpe militar estaba fracasado. Chávez se rindió, con la condición de que también a él le permitieran dirigirse al pueblo por la televisión. El joven coronel criollo, con la boina de paracaidista y su admirable facilidad de palabra, asumió la responsabilidad del movimiento. Pero su alocución fue un triunfo político. Cumplió dos años de cárcel hasta que fue amnistiado por el presidente Rafael Caldera. Sin embargo, muchos partidarios como no pocos enemigos han creído que el discurso de la derrota fue el primero de la campaña electoral que lo llevó a la presidencia de la República menos de nueve años después.


El presidente Hugo Chávez Frías me contaba esta historia en el avión de la Fuerza Aérea Venezolana que nos llevaba de La Habana a Caracas, hace dos semanas, a menos de quince días de su posesión como presidente constitucional de Venezuela por elección popular. Nos habíamos conocido tres días antes en La Habana, durante su reunión con los presidentes Castro y Pastrana, y lo primero que me impresionó fue el poder de su cuerpo de cemento armado. Tenía la cordialidad inmediata, y la gracia criolla de un venezolano puro. Ambos tratamos de vernos otra vez, pero no nos fue posible por culpa de ambos, así que nos fuimos juntos a Caracas para conversar de su vida y milagros en el avión.


Fue una buena experiencia de reportero en reposo. A medida que me contaba su vida iba yo descubriendo una personalidad que no correspondía para nada con la imagen de déspota que teníamos formada a través de los medios. Era otro Chávez. ¿Cuál de los dos era el real?
El argumento duro en su contra durante la campaña había sido su pasado reciente de conspirador y golpista. Pero la historia de Venezuela ha digerido a más de cuatro. Empezando por Rómulo Betancourt, recordado con razón o sin ella como el padre de la democracia venezolana, que derribó a Isaías Medina Angarita, un antiguo militar demócrata que trataba de purgar a su país de los treintiséis años de Juan Vicente Gómez. A su sucesor, el novelista Rómulo Gallegos, lo derribó el general Marcos Pérez Jiménez, que se quedaría casi once años con todo el poder. Éste, a su vez, fue derribado por toda una generación de jóvenes demócratas que inauguró el período más largo de presidentes elegidos.
El golpe de febrero parece ser lo único que le ha salido mal al coronel Hugo Chávez Frías. Sin embargo, él lo ha visto por el lado positivo como un revés providencial. Es su manera de entender la buena suerte, o la inteligencia, o la intuición, o la astucia, o cualquiera cosa que sea el soplo mágico que ha regido sus actos desde que vino al mundo en Sabaneta, estado Barinas, el 28 de julio de 1954, bajo el signo del poder: Leo. Chávez, católico convencido, atribuye sus hados benéficos al escapulario de más de cien años que lleva desde niño, heredado de un bisabuelo materno, el coronel Pedro Pérez Delgado, que es uno de sus héroes tutelares.


Sus padres sobrevivían a duras penas con sueldos de maestros primarios, y él tuvo que ayudarlos desde los nueve años vendiendo dulces y frutas en una carretilla. A veces iba en burro a visitar a su abuela materna en Los Rastrojos, un pueblo vecino que les parecía una ciudad porque tenía una plantita eléctrica con dos horas de luz a prima noche, y una partera que lo recibió a él y a sus cuatro hermanos. Su madre quería que fuera cura, pero sólo llegó a monaguillo y tocaba las campanas con tanta gracia que todo el mundo lo reconocía por su repique. "Ese que toca es Hugo", decían. Entre los libros de su madre encontró una enciclopedia providencial, cuyo primer capítulo lo sedujo de inmediato: Cómo triunfar en la vida.
Era en realidad un recetario de opciones, y él las intentó casi todas. Como pintor asombrado ante las láminas de Miguel Angel y David, se ganó el primer premio a los doce años en una exposición regional. Como músico se hizo indispensable en cumpleaños y serenatas con su maestría del cuatro y su buena voz. Como beisbolista llegó a ser un catcher de primera. La opción militar no estaba en la lista, ni a él se le habría ocurrido por su cuenta, hasta que le contaron que el mejor modo de llegar a las grandes ligas era ingresar en la academia militar de Barinas. Debió ser otro milagro del escapulario, porque aquel día empezaba el plan Andrés Bello, que permitía a los bachilleres de las escuelas militares ascender hasta el más alto nivel académico.
Estudiaba ciencias políticas, historia y marxismo al leninismo. Se apasionó por el estudio de la vida y la obra de Bolívar, su Leo mayor, cuyas proclamas aprendió de memoria. Pero su primer conflicto consciente con la política real fue la muerte de Allende en septiembre de 1973. Chávez no entendía. ¿Y por qué si los chilenos eligieron a Allende, ahora los militares chilenos van a darle un golpe? Poco después, el capitán de su compañía le asignó la tarea de vigilar a un hijo de José Vicente Rangel, a quien se creía comunista. "Fíjate las vueltas que da la vida", me dice Chávez con una explosión de risa. "Ahora su papá es mi canciller". Más irónico aún es que cuando se graduó recibió el sable de manos del presidente que veinte años después trataría de tumbar: Carlos Andrés Pérez.
"Además", le dije, "usted estuvo a punto de matarlo". "De ninguna manera", protestó Chávez. "La idea era instalar una asamblea constituyente y volver a los cuarteles". Desde el primer momento me había dado cuenta de que era un narrador natural. Un producto íntegro de la cultura popular venezolana, que es creativa y alborazada. Tiene un gran sentido del manejo del tiempo y una memoria con algo de sobrenatural, que le permite recitar de memoria poemas de Neruda o Whitman, y páginas enteras de Rómulo Gallegos.


Desde muy joven, por casualidad, descubrió que su bisabuelo no era un asesino de siete leguas, como decía su madre, sino un guerrero legendario de los tiempos de Juan Vicente Gómez. Fue tal el entusiasmo de Chávez, que decidió escribir un libro para purificar su memoria. Escudriñó archivos históricos y bibliotecas militares, y recorrió la región de pueblo en pueblo con un morral de historiador para reconstruir los itinerarios del bisabuelo por los testimonios de sus sobrevivientes. Desde entonces lo incorporó al altar de sus héroes y empezó a llevar el escapulario protector que había sido suyo.


Uno de aquellos días atravesó la frontera sin darse cuenta por el puente de Arauca, y el capitán colombiano que le registró el morral encontró motivos materiales para acusarlo de espía: llevaba una cámara fotográfica, una grabadora, papeles secretos, fotos de la región, un mapa militar con gráficos y dos pistolas de reglamento. Los documentos de identidad, como corresponde a un espía, podían ser falsos. La discusión se prolongó por varias horas en una oficina donde el único cuadro era un retrato de Bolívar a caballo. "Yo estaba ya casi rendido, -me dijo Chávez-, pues mientras más le explicaba menos me entendía". Hasta que se le ocurrió la frase salvadora: "Mire mi capitán lo que es la vida: hace apenas un siglo éramos un mismo ejército, y ése que nos está mirando desde el cuadro era el jefe de nosotros dos. ¿Cómo puedo ser un espía?". El capitán, conmovido, empezó a hablar maravillas de la Gran Colombia, y los dos terminaron esa noche bebiendo cerveza de ambos países en una cantina de Arauca. A la mañana siguiente, con un dolor de cabeza compartido, el capitán le devolvió a Chávez sus enseres de historiador y lo despidió con un abrazo en la mitad del puente internacional.


"De esa época me vino la idea concreta de que algo andaba mal en Venezuela", dice Chávez. Lo habían designado en Oriente como comandante de un pelotón de trece soldados y un equipo de comunicaciones para liquidar los últimos reductos guerrilleros. Una noche de grandes lluvias le pidió refugio en el campamento un coronel de inteligencia con una patrulla de soldados y unos supuestos guerrilleros acabados de capturar, verdosos y en los puros huesos. Como a las diez de la noche, cuando Chávez empezaba a dormirse, oyó en el cuarto contiguo unos gritos desgarradores. "Era que los soldados estaban golpeando a los presos con bates de béisbol envueltos en trapos para que no les quedaran marcas", contó Chávez. Indignado, le exigió al coronel que le entregara los presos o se fuera de allí, pues no podía aceptar que torturara a nadie en su comando. "Al día siguiente me amenazaron con un juicio militar por desobediencia, -contó Chávez- pero sólo me mantuvieron por un tiempo en observación".


Pocos días después tuvo otra experiencia que rebasó las anteriores. Estaba comprando carne para su tropa cuando un helicóptero militar aterrizó en el patio del cuartel con un cargamento de soldados mal heridos en una emboscada guerrillera. Chávez cargó en brazos a un soldado que tenía varios balazos en el cuerpo. "No me deje morir, mi teniente"... le dijo aterrorizado. Apenas alcanzó a meterlo dentro de un carro. Otros siete murieron. Esa noche, desvelado en la hamaca, Chávez se preguntaba: "¿Para qué estoy yo aquí? Por un lado campesinos vestidos de militares torturaban a campesinos guerrilleros, y por el otro lado campesinos guerrilleros mataban a campesinos vestidos de verde. A estas alturas, cuando la guerra había terminado, ya no tenía sentido disparar un tiro contra nadie". Y concluyó en el avión que nos llevaba a Caracas: "Ahí caí en mi primer conflicto existencial".


Al día siguiente despertó convencido de que su destino era fundar un movimiento. Y lo hizo a los veintitrés años, con un nombre evidente: Ejército bolivariano del pueblo de Venezuela. Sus miembros fundadores: cinco soldados y él, con su grado de subteniente. "¿Con qué finalidad?" le pregunté. Muy sencillo, dijo él: "con la finalidad de prepararnos por si pasa algo". Un año después, ya como oficial paracaidista en un batallón blindado de Maracay, empezó a conspirar en grande. Pero me aclaró que usaba la palabra conspiración sólo en su sentido figurado de convocar voluntades para una tarea común.

Esa era la situación el 17 de diciembre de 1982 cuando ocurrió un episodio inesperado que Chávez considera decisivo en su vida. Era ya capitán en el segundo regimiento de paracaidistas, y ayudante de oficial de inteligencia. Cuando menos lo esperaba, el comandante del regimiento, Ángel Manrique, lo comisionó para pronunciar un discurso ante mil doscientos hombres entre oficiales y tropa. A la una de la tarde, reunido ya el batallón en el patio de fútbol, el maestro de ceremonias lo anunció. "¿Y el discurso?", le preguntó el comandante del regimiento al verlo subir a la tribuna sin papel. "Yo no tengo discurso escrito", le dijo Chávez. Y empezó a improvisar. Fue un discurso breve, inspirado en Bolívar y Martí, pero con una cosecha personal sobre la situación de presión e injusticia de América Latina transcurridos doscientos años de su independencia. Los oficiales, los suyos y los que no lo eran, lo oyeron impasibles. Entre ellos los capitanes Felipe Acosta Carle y Jesús Urdaneta Hernández, simpatizantes de su movimiento. El comandante de la guarnición, muy disgustado, lo recibió con un reproche para ser oído por todos: "Chávez, usted parece un político". "Entendido", le replicó Chávez. Felipe Acosta, que medía dos metros y no habían logrado someterlo diez contendores, se paró de frente al comandante, y le dijo: "Usted está equivocado, mi comandante. Chávez no es ningún político. Es un capitán de los de ahora, y cuando ustedes oyen lo que él dijo en su discurso se mean en los pantalones". Entonces el coronel Manrique puso firmes a la tropa, y dijo: "Quiero que sepan que lo dicho por el capitán Chávez estaba autorizado por mí. Yo le di la orden de que dijera ese discurso, y todo lo que dijo, aunque no lo trajo escrito, me lo había contado ayer". Hizo una pausa efectista, y concluyó con una orden terminante: "¡Que eso no salga de aquí!".


Al final del acto, Chávez se fue a trotar con los capitanes Felipe Acosta y Jesús Urdaneta hacia el Samán del Guere, a diez kilómetros de distancia, y allí repitieron el juramento solemne de Simón Bolívar en el monte Aventino. "Al final, claro, le hice un cambio", me dijo Chávez. En lugar de "cuando hayamos roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español", dijeron: "Hasta que no rompamos las cadenas que nos oprimen y oprimen al pueblo por voluntad de los poderosos". Desde entonces, todos los oficiales que se incorporaban al movimiento secreto tenían que hacer ese juramento. La última vez fue durante la campaña electoral ante cien mil personas. Durante años hicieron congresos clandestinos cada vez más numerosos, con representantes militares de todo el país. "Durante dos días hacíamos reuniones en lugares escondidos, estudiando la situación del país, haciendo análisis, contactos con grupos civiles, amigos. "En diez años -me dijo Chávez- llegamos a hacer cinco congresos sin ser descubiertos".


A estas alturas del diálogo, el Presidente rió con malicia, y reveló con una sonrisa de malicia: "Bueno, siempre hemos dicho que los primeros éramos tres. Pero ya podemos decir que en realidad había un cuarto hombre, cuya identidad ocultamos siempre para protegerlo, pues no fue descubierto el 4 de febrero y quedó activo en el Ejército y alcanzó el grado de coronel. Pero estamos en 1999 y ya podemos revelar que ese cuarto hombre está aquí con nosotros en este avión". Señaló con el índice al cuarto hombre en un sillón apartado, y dijo: "¡El coronel Badull!".
De acuerdo con la idea que el comandante Chávez tiene de su vida, el acontecimiento culminante fue El Caracazo, la sublevación popular que devastó a Caracas. Solía repetir: "Napoleón dijo que una batalla se decide en un segundo de inspiración del estratega". A partir de ese pensamiento, Chávez desarrolló tres conceptos: uno, la hora histórica. El otro, el minuto estratégico. Y por fin, el segundo táctico. "Estábamos inquietos porque no queríamos irnos del Ejército", decía Chávez. "Habíamos formado un movimiento, pero no teníamos claro para qué". Sin embargo, el drama tremendo fue que lo que iba a ocurrir ocurrió y no estaban preparados. "Es decir -concluyó Chávez- que nos sorprendió el minuto estratégico". Se refería, desde luego, a la asonada popular del 27 de febrero de 1989: El Caracazo. Uno de los más sorprendidos fue él mismo. Carlos Andrés Pérez acababa de asumir la presidencia con una votación caudalosa y era inconcebible que en veinte días sucediera algo tan grave. "Yo iba a la universidad a un postgrado, la noche del 27, y entro en el fuerte Tiuna en busca de un amigo que me echara un poco de gasolina para llegar a la casa", me contó Chávez minutos antes de aterrizar en Caracas. "Entonces veo que están sacando las tropas, y le pregunto a un coronel: ¿Para dónde van todos esos soldados? Porque que sacaban los de Logística que no están entrenados para el combate, ni menos para el combate en localidades. Eran reclutas asustados por el mismo fusil que llevaban. Así que le pregunto al coronel: ¿Para dónde va ese pocotón de gente? Y el coronel me dice: A la calle, a la calle. La orden que dieron fue esa: hay que parar la vaina como sea, y aquí vamos. Dios mío, ¿pero qué orden les dieron? Bueno Chávez, me contesta el coronel: la orden es que hay que parar esta vaina como sea. Y yo le digo: Pero mi coronel, usted se imagina lo que puede pasar. Y él me dice: Bueno, Chávez, es una orden y ya no hay nada qué hacer. Que sea lo que Dios quiera". Chávez dice que también él iba con mucha fiebre por un ataque de rubéola, y cuando encendió su carro vio un soldadito que venía corriendo con el casco caído, el fusil guindando y la munición desparramada. "Y entonces me paro y lo llamo", dijo Chávez. "Y él se monta, todo nervioso, sudado, un muchachito de 18 años. Y yo le pregunto: Ajá, ¿y para dónde vas tú corriendo así? No, dijo él, es que me dejó el pelotón, y allí va mi teniente en el camión. Lléveme, mi mayor, lléveme. Y yo alcanzo el camión y le pregunto al que los lleva: ¿Para dónde van? Y él me dice: Yo no sé nada. Quién va a saber, imagínese". Chávez toma aire y casi grita ahogándose en la angustia de aquella noche terrible: "Tú sabes, a los soldados tú los mandas para la calle, asustados, con un fusil, y quinientos cartuchos, y se los gastan todos. Barrían las calles a bala, barrían los cerros, los barrios populares. ¡Fue un desastre! Así fue: miles, y entre ellos Felipe Acosta". "Y el instinto me dice que lo mandaron a matar", dice Chávez. "Fue el minuto que esperábamos para actuar". Dicho y hecho: desde aquel momento empezó a fraguarse el golpe que fracasó tres años después.

El avión aterrizó en Caracas a las tres de la mañana. Vi por la ventanilla la ciénaga de luces de aquella ciudad inolvidable donde viví tres años cruciales de Venezuela que lo fueron también para mi vida. El presidente se despidió con su abrazo caribe y una invitación implícita: "Nos vemos aquí el 2 de febrero". Mientras se alejaba entre sus escoltas de militares condecorados y amigos de la primera hora, me estremeció la inspiración de que había viajado y conversado a gusto con dos hombres opuestos.
Uno a quien la suerte empedernida le ofrecía la oportunidad de salvar a su país. Y el otro, un ilusionista, que podía pasar a la historia como un déspota más.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Manifiesto Zapatista



A los pueblos y gobiernos del mundo:

Hermanos:

No morirá la flor de la palabra.
Podrá morir el rostro oculto de quien la nombra hoy, pero la palabra que vino desde el fondo de la historia y de la tierra ya no podrá ser arrancada por la soberbia del poder.
Nosotros nacimos de la noche, en ella vivimos, moriremos en ella.
Pero la luz será mañana para los más, para todos aquellos que hoy lloran la noche; para quienes se niega el día; para quienes es regalo la muerte; para quienes esta prohibida la vida. Para todos la luz, para todos todo.Para nosotros el dolor y la angustia, para nosotros la alegre rebeldía, para nosotros el futuro negado, para nosotros la dignidad insurrecta, para nosotros nada.
Nuestra lucha es por hacernos escuchar, y el mal gobierno grita soberbia y tapa con cañones sus oídos.
Nuestra lucha es por el hambre, y el mal gobierno regala plomo y papel a los estómagos de nuestros hijos.
Nuestra lucha es por un techo digno, y el mal gobierno destruye nuestra casa y nuestra historia.
Nuestra lucha es por el saber, y el mal gobierno reparte ignorancia y desprecio.
Nuestra lucha es por la tierra, y el mal gobierno ofrece cementerios.
Nuestra lucha es por un trabajo justo y digno, y el mal gobierno compra y vende cuerpos y vergüenzas.
Nuestra lucha es por la vida, y el mal gobierno oferta muerte como futuro.
Nuestra lucha es por el respeto al derecho a gobernar y gobernarnos y el mal gobierno impone a los más la ley de los menos.
Nuestra lucha es por la libertad para el pensamiento y el caminar, y el mal gobierno opone cárceles y tumbas.
Nuestra lucha es por la justicia, y el mal gobierno se llena de criminales y asesinos.
Nuestra lucha es por la historia, y el mal gobierno propone olvido.
Nuestra lucha es por la Patria, y el mal gobierno sueña con la bandera y la lengua extranjera.
Nuestra lucha es por la paz, y el mal gobierno anuncia guerra y destrucción.
Techo, Tierra, Trabajo, Pan, Salud, Educación, Independencia, Democracia, Libertad. Estas fueron nuestras banderas en la madrugada de 1994. Estas fueron nuestras demandas en la larga noche de los 500 años. Estas son hoy nuestras exigencias.
Nuestra sangre y la palabra nuestra encendieron un fuego pequeñito en la montaña y lo caminamos rumbo a la casa del poder y del dinero. Hermanos y hermanos de otras razas y otras lenguas, de otro color y mismo corazón, protegieron nuestra luz y en ella bebieron sus respectivos fuegos. Vino el poderoso a apagarnos con su fuerte soplido, pero nuestra luz se creció en otras luces. Sueña el rico con apagar la luz primera. Es inútil, hay ya muchas luces y todas son primeras. Quiere el soberbio apagar una rebeldía que su ignorancia ubica en el amanecer de 1994. Pero la rebeldía que hoy tiene rostro moreno y lengua verdadera, no se nació ahora. Antes habló con otras lenguas y en otras tierras. En muchas montañas y muchas historias ha caminado la rebeldía contra la injusticia. Ha hablado ya en lengua náhuatl, paipai, kiliwa, cúcapa, cochimi, kumiai, yuma, seri, chontal, chinanteco, pame, chichimeca, otomí, mazahua, matlazinca, ocuilteco, zapoteco, solteco, chatino, papabuco, mixteco, cuicateco, triqui, amuzgo, mazateco, chocho, izcateco, huave, tlapaneco, totonaca, tepehua, popoluca, mixe, zoque, huasteco, lacandón, maya, chol, tzeltal, tzotzil, tojolabal, mame, teco, ixil, aguacateco, motocintleco, chicomucelteco, kanjobal, jacalteco, quiché, cakchiquel, ketchi, pima, tepehuán, tarahumara, mayo, yaqui, cahíta, ópata, cora, huichol, purépecha y kikapú. Habló y habla la castilla. La rebeldía no es cosa de lengua, es cosa de dignidad y de ser humanos.
Por trabajar nos matan, por vivir nos matan, No hay lugar para nosotros en el mundo del poder. Por luchar nos matarán, pero así nos haremos un mundo donde nos quepamos todos y todos nos vivamos sin muerte en la palabra. Nos quieren quitar la tierra para que ya no tenga suelo nuestro paso. Nos quieren quitar la historia para que en el olvido se muera nuestra palabra. No nos quieren indios. Muertos nos quieren. Para el poderoso nuestro silencio fue su deseo. Callando nos moríamos, sin palabra no existíamos. Luchamos por el miedo a morir la muerte del olvido.
Hablando en su corazón indio, la Patria sigue digna y con memoria.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Aquí Nadie Se Rinde.


Son setenta y nueve días los que han pasado, setenta y nueve días que el pueblo hondureño (o gran parte de el) ha pasado en las calles resistiendo contra el gobierno dictador generado por el golpe de estado. Pero también son setenta y nueve días que los golpistas no han dormido tranquilos, porque no han podido gobernar ni un minuto este país. Debo confesar que en algún momento, después de ver el inicio de las campañas políticas y ver el poco interés, desde mi personal punto de vista, que ha presentado el señor Manuel Zelaya en regresar al país, yo creí que todo estaba perdido. Sinceramente yo creo que a Mel ya le gusto el papel de estrella internacional que esta disfrutando y el de sentirse admirado y bien recibido por mucha gente en los países que visita.

Pero como lo dije desde el inicio, mucho antes del 28 de junio, yo no estoy con Mel, yo estoy con mi pueblo, ese que a diario sale a las calles, ese que se enfrenta con los militares de la dictadura, ese que deja mensajes en las paredes y que cuantas veces se los borren, cuantas veces lo vuelven a escribir. Estoy con ellos porque allí anda mi gente, allí pude ver a mis vecinos de la colonia, allí me encontré a compañeros de la universidad, allí estaban los maestros que me dieron clases en el colegio y los que actualmente me enseñan en la universidad, allí estaban los estudiantes del colegio donde estudie. Veo al otro lado y solo encuentro a un grupo de dinosaurios que han estado en el poder durante el doble del tiempo que yo he vivido, no conozco a ninguno de ellos mas que por TV, las referencias que me han dado es que son unos picaritos, corruptos y que siempre han vivido de los impuestos que mi familia y la de muchos ha pagado (ellos nunca han pagado nada). Además de eso, basta con leer un poco nuestra prostituida Constitución de la Republica para saber quien esta del lado correcto y quienes la están violando una vez más como es su costumbre.

Cuando pensé escribir este post, lo hice con la idea de preguntar porque todo estaba volviendo a la normalidad, pero me basto con salir a la calle e ir un rato a la marcha de las antorchas y ver que nada ha vuelto a la normalidad, que la gente esta allí, protestando igual que todo este tiempo, exigiendo que se vuelva a la constitucionalidad y algo muy importante: Exigiendo La Asamblea Nacional Constituyente.



LA LUCHA SIGUE EN PIE,


A 80 DIAS DE LUCHA AQUÍ NADIE SE RINDE.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Feliz Dia Del Niño

Luchin
por Victor Jara

Frágil como un volantín
en los techos de Barrancas
jugaba el niño Luchín
con sus manitos moradas
con la pelota de trapo
con el gato y con el perro
el caballo lo miraba.

En el agua de sus ojos
se bañaba el verde claro
gateaba su corta edadcon el potito embarrado
con la pelota de trapo
con el gato y con el perro
el caballo lo miraba.

El caballo era otro juego
en aquel pequeño espacio
y al animal parecía
le gustaba ese trabajo
con la pelota de trapo
con el gato y con el perro
y con Luchito mojado.

Si hay niños como Luchín
que comen tierra y gusanos
abramos todas las jaulas
pa' que vuelen como pájaros
con la pelota de trapo
con el gato y con el perro
y también con el caballo.