Desde el balcón de la antigua alcaldía, en el parque principal de esta ciudad, históricamente combativa, Fidel proclamó la victoria contra el dictador Fulgencio Batista tras bajar de las cercanas montañas de la Sierra, donde comandó una guerrilla de 25 meses.
“Yo lo vi, tenía un semblante agradable, estaba eufórico. La revolución nos ha dado mucho. Soy comunista pero quisiera que hubiera cambios en a economía. Ahí es donde está el problema”, dijo un hombre de 65 años que se identificó como Pedro y quien dijo haber formado grupos de jóvenes que vigilaban las calles en los inicios de la revolución.
Los actos de conmemoración de los 50 años fueron modestos, pues estuvieron marcados por los daños que ocasionaron tres huracanes -10.000 millones de dólares, que incluyen medio millón de casas- y un llamado a la austeridad lanzado por Raúl Castro ante la crisis internacional.
Luis Duane, un técnico medio en construcción civil de 43 años que trabaja como bicitaxista, sostiene que “hay muchas cosas que se debe corregir todavía”, porque “la situación económica está caótica”.
“Es una pena que Fidel no esté aquí, está malito y yo quisiera que no se muriera, pero entre Fidel y Raúl no hay ninguna diferencia”, declaró a la AFP, Marilú Reyes, de 56 años, y quien desde hace casi dos décadas trabaja en la limpieza del parque Céspedes.
Atraídos por el histórico festejo, los turistas se pasan por sus calles empinadas, en el recorrido revolucionario de rigor: la Granjita Siboney, donde Fidel Castro preparó el asalto al Cuartel Moncada -el segundo del país- en 1953, La Plaza de la Revolución y el parque Céspedes para mirar el balcón.
“Mi marido y yo vinimos a vivir un momento histórico. Veo que Cuba ha hecho progresos en la seguridad social, pero detecto problemas, hay una doble economía (mercado negro) y no sé si esto va a resistir”, dijo la francesa Giselle Chavot, una profesora jubilada de 62 años.
“Esta revolución realmente le ha dado muchas cosas buenas a mi familia, pero ahora hay mucho por mejorar. De todas formas es mi país y no me gusta que vengan a decirme qué hacer en él”, dijo a la AP, Clarinda Villalba, una mujer de 57 años que realizaba compras de fin de año en un agromercado del Vedado.
Cuando Fidel salió muchos auguraron el fin del proceso. Cuba tiene muchos logros que mostrar en estos años: una baja mortalidad infantil, alta tasa de vacunación y nada de epidemias; una educación gratuita hasta los niveles de postgrados, un desarrollo científico notable y un modelo de seguridad social estatal que ampara a toda la población.
Nadie se arriesga a pronosticar un futuro para la isla, pero los cubanos insisten en que tienen derecho a decidir su futuro sin injerencias externas, sobre todo las presiones ocasionadas por más de 40 años de sanciones de la potencia más grande del mundo, Estados Unidos que el 20 de enero estrena como presidente a Barack Obama.
“¿Por qué no nos dejan en paz?” para poder desarrollarnos, expresó Raúl Castro.
En lo que a América Latina se refiere, Cuba parece atravesar uno de los mejores momentos de su historia: para el primer trimestre del 2009 se espera la visita de los presidentes Rafael Correa, de Ecuador; la argentina Cristina Fernández, la chilena Michelle Bachelet y el mexicano Felipe Calderón. Además acaba de ser aceptada en el Grupo de Río.
“Creo que el momento esperanzador que estamos viendo en estos años recientes tiene algo que ver con la existencia de la revolución cubana, yo diría con la persistencia, que no haya sido aplastada”, aseguró a la AP, el escritor y ensayista Roberto Fernández Retamar.
Entrada triunfal del movimiento 26 de Julio a La Habana
El riesgo de que el socialismo cubano se derrumbe y autodestruya es real. Lo reconoció Raúl Castro en el 50 aniversario del triunfo de la revolución. El mensaje no pudo ser más inquietante para sus fieles: la generación histórica se despide y los dirigentes del mañana "pudieran terminar siendo impotentes ante los peligros externos e internos, e incapaces de preservar la obra" de la revolución.
Para que no suceda algo tan terrible, el presidente cubano pidió a los que tomarán el relevo que no se reblandezcan por los cantos de sirena del enemigo. Por su esencia, dijo, el Gobierno de Estados Unidos "nunca dejará de ser agresivo, dominante y traicionero".
Antes había advertido que "todas las administraciones norteamericanas no han cesado de intentar forzar un cambio de régimen en Cuba, empleando una u otra vía, con mayor o menor agresividad". Sus palabras, medio siglo después de la victoria de los barbudos sobre la dictadura de Batista, sonaron premonitorias: dentro de 20 días llegará a la Casa Blanca Barack Obama, que durante la campaña electoral se mostró a favor de dialogar con Cuba y de flexibilizar el embargo.
Raúl Castro dio otros consejos a los futuros dirigentes cubanos: mantener la unidad y no tolerar intentos divisionistas; nunca hacer concesiones de principios ni apartarse del pueblo; y, muy importante, que "la militancia impida que destruyan el Partido".
Según Raúl, "corresponde a la dirección histórica de la Revolución preparar a las nuevas generaciones para asumir la enorme responsabilidad de continuar adelante". Afirmó que, tanto en lo político como en lo económico, se avecinan tiempos duros y que los peligros no han disminuido. "Lo digo no para asustar a nadie, es la pura realidad".
Ante las 3.000 personas concentradas en el parque Céspedes de Santiago de Cuba, Castro recordó el discurso de Fidel,en el 2005, en el que habló por primera vez del riesgo de implosión del sistema político. "Este país puede autodestruirse por si mismo; esta revolución puede destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos; nosotros si podemos destruirla y sería culpa nuestra", dijo entonces Fidel.
La receta de Raúl para enfrentar los retos se resume en una palabra: resistir. "Resistir ha sido la palabra de orden y la clave de cada una de nuestras victorias", afirmó, y agrego que si las nuevas generaciones son capaces de mantener la misma línea política que los fundadores, entonces "contarán siempre con el apoyo del pueblo, incluso cuando se equivoquen en cuestiones que no violen principios esenciales".
Raúl Castro aseguró que "un individuo no hace la historia", pero que era incontestable que "hay hombres imprescindibles capaces de influir en su curso de manera decisiva". "Fidel es uno de ellos, nadie lo duda, ni aún sus enemigos más acérrimos", aseguro.
Hasta La Victoria Siempre. Patria O Muerte
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